Seguramente será una de las canciones más versionadas del folklore argentino, tanto por músicos del propio país como del extranjero, seria una lista demasiado larga si me propusiera nombrar los innumerables artistas que lo han hecho, no voy ha hacerlo, tan sólo decir que ninguna de las versiones que he escuchado me llega tanto, me conmueve de la forma que lo hace esta, me transporta hacia un encantamiento acompasado de rumor de olas, me sumerge en un mar de sensaciones íntimas como lo hace la original, la primera, la realizada por la “Negra” Sosa, allá por el año 1969, el mismo año en que fue compuesta esta zamba. Seguramente será por el timbre de su voz, oscuro y cálido, o por su perfecta entonación, o por la cadencia de su pronunciación, o por el conjunto de cualidades que la hacen una voz que me pellizca los sentidos y me conmueve.Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1935, de ascendencia mestiza de franceses y quechuas. A los quince años ganó un concurso de una radio local y fue contratada durante dos meses, a partir de ahí comienza su carrera. Su primer disco, “La voz de la zafra”, data del año 1959, pero su lanzamiento artístico se produjo seis años más tarde, en 1965, cuando se publica su segundo trabajo discográfico, “Canciones con fundamento”, a partir de ese momento se convierte en referencia del movimiento de la nueva canción argentina. Su colaboración en 1969 con el compositor y pianista Ariel Ramírez y el doctor Félix Luna, poeta y letrista, nos dejó el primero de los dos discos que grabaron conjuntamente, “Mujeres Argentinas”, en donde aparecía la canción objeto de esta entrada, “Alfonsina y el mar”.
No voy a extenderme en la biografía de Mercedes Sosa, es fácil acceder a ella en la red para el que tenga interés, tan sólo decir que su carrera se prolonga hasta nuestros días
y que ha recorrido los escenarios de todo el mundo recogiendo aplausos y todos los premios y condecoraciones que puedan imaginarse, y que su discografía nos reporta más de cuarenta discos de larga duración, el último, “Corazón libre”, que data del año 2005.
Ahora es preciso centrarse en la otra protagonista de esta historia, en Alfonsina, esa mujer argentina que inspiró la poesía del doctor Félix Luna y la música de Ariel Ramírez.
Un sábado, el 22 de octubre de 1938, una mujer de 46 años deambula en Buenos Aires hacia la estación de trenes, saca un billete, sólo de ida, para Mar del Plata. Se instala en una modesta residencial con el borroso designio de suicidarse. Se dice que está enferma, cansada y anhela la muerte como una liberación. Quizás, en un banco desmantelado ocupa largas horas en repasar su vida. Tal vez emplea su tiempo en redactar el poema, "Voy a dormir":
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...
Va al correo y envía el poema al periódico “
Alfonsina Storni era géminis, nacida en el año 1892. Dragón de fuego. Dijo alguna vez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo». Nació en un cantón de
A los 19 años ya escribe, recita, y publica en revistas. Y entonces, el amor. Alfonsina tuvo un romance, en una velada literaria en Santa Fe, y del romance tuvo un hijo, Alejandro, en 1912. Madre soltera y feminista, se traslada a Buenos Aires. En 1920 gana el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura por “Languidez”. En 1926 se editan “Poemas de amor”. En 1934, publica “Mundo de siete pozos” y en 1938, “Mascarilla y trébol”, su último libro.
Alfonsina Storni, vocera de los derechos civiles de la mujer e impulsora de
En el verano del 1935, supo la temible noticia: tenía cáncer de mama. Fue operada, pero el cáncer continuó. Pasó depresiones. Desde entonces llama al mar en sus poemas y habla del abrazo de la mar y de la casa de cristal que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas. El suicidio contagia el ambiente. En 1937 Horacio Quiroga también se enferma de cáncer. Una medianoche toma su ración de cianuro. Alfonsina Storni lo despidió con versos conmovedores: "Morir como tú, Horacio / en tus cabales / y así como en tus cuentos / no está mal". Luego Leopoldo Lugones se envenena. Al fin, el mar la pidió a ella. En el lugar donde bajó dispuesta a todo, un lunes por la noche, hay una estatua en su honor, que mira el mar.
(Ariel Ramírez - Félix Luna)
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda,
un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.
Sabe dios que angustia te acompaño,
que dolores viejos callo tu voz,
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas,
la canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.
Te vas Alfonsina con tu soledad,
que poemas nuevos fuiste a buscar,
una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la esta llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.
Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado,
y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.
Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma, nodriza, en paz
y si llama él no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve,
y si llama el no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.
Te vas Alfonsina con tu soledad
que poemas nuevos fuiste a buscar,
una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la esta llevando,
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

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