Pero la historia de Uncastillo esta escrita en sus piedras; tatuada en sus casas, palacios e iglesias; impregnada en sus plazas y callejuelas; marcada en lo poco que queda de su castillo inexpugnable durante tantas guerras. Dejarse llevar sin rumbo por sus calles te va sumergiendo poco a poco en un pasado remoto, en tiempos en donde la vida se vivía de otra forma y el futuro se abría paso a martillazos. Martillazos que iban convirtiendo a esta villa en una de las más representativas del Románico aragonés, como nos cuentan las piedras de sus edificios.
Pero, a su vez, este viaje hacía el futuro llevaba implícito el germen del abandono, pues en la medida que el Reino se fue consolidando y la frontera avanzando hacia el sur, la importancia de esta villa fue decreciendo en la misma proporción en que se iba alejando la línea fronteriza. Las fértiles tierras del Valle del Ebro estaban a la vista y cerca, muy cerca, la joya de la corona, Zaragoza.
Como en tantas ciudades, como en tantas villas y enclaves históricos, los momentos de mayor esplendor han significado el comienzo de su decadencia. Es el ciclo de la vida. Uncastillo no podía quedar al margen de esta ley natural. Al menos quedan sus piedras. Que se conviertan en trinchera para poder ganar la última contienda, la batalla de la memoria.
La música que acompaña el vídeo proviene de otro enclave de la reconquista aragonesa, Graus, en la provincia de Huesca. Se trata de la "Danza de las Cintas", también conocida como "La Zaida". Esta danza forma parte del "Dance de Graus" y sirve de acompañamiento al tradicional "Baile de las Cintas". La versión que presentamos esta interpretada por "En Clave de Folk", grupo de música aragonesa que introduce en sus arreglos una concepción musical y una instrumentación moderna, con el objetivo de acercar las melodías tradicionales de nuestro folklore hacia sonoridades distintas.

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