Esta canción, del compositor colombiano Héctor Ochoa Cárdenas, fue elegida en 1991, por votación popular, como la más bella canción colombiana del siglo XX. De haber estado en Colombia en el momento de la elección, sin ninguna duda, mi voto se hubiera sumado a su favor, porque desde la primera vez que la escuché se me pegó y pasó a formar parte de mi lista de canciones favoritas. La sencillez, contundencia y belleza de la letra aún consiguen emocionarme cada vez que la escucho. Los recuerdos de las distintas etapas de mi vida van reviviendo en mi memoria a medida que avanza la canción y, conforme va pasando el tiempo, mi situación se identifica con pasajes más avanzados de la letra. Pero para que una canción sea completa, redonda, es preciso que la música este a la altura de las circunstancias y eso es lo que ocurre con esta composición. Al ritmo ternario del pasillo colombiano, de clara influencia hispana, se desplega una melodía justa, precisa y pegadiza que se adapta perfectamente al mensaje y la intención de cada frase y que, por encima de todo, es una melodía bonita.
Héctor Ochoa nacio un día de San Juan, en Medellín, en el año 1934. Su afición a la música le llega por parte paterna pues su progenitor era compositor, director de banda y profesor de música. En sus tiempos de estudiante de bachillerato formó "El Trio de Oro", con el que obtuvo cierta repercusión en las emisoras locales, pero a la muerte de su padre tuvo que dejar los estudios y dedicarse a trabajar. Durante veinticinco años estuvo en una entidad bancaria en la que llegó a ocupar puestos directivos. Pero una canción, esta que nos ocupa, y de la que se han hecho más de 50 versiones, cambio el rumbo de su vida y consolidó su obra musical.
"El camino de la vida" superó el galardón conseguido en el año 1991 al ser la elegida, en 1999, y también por votación popular, como la "Canción del siglo XX en Colombia". Para acumular más información sobre el autor pueden visitar la página Web de Héctor Ochoa Cárdenas. El vídeo enlazado ofrece una excelente interpretación, en directo, de esta maravillosa canción en las voces y las guitarras de Marco Urdiales y el Trio Los Antares. Qué mejor, en estas fechas navideñas, que recordar esta canción que no es otra cosa que una canción de amor.
Héctor Ochoa nacio un día de San Juan, en Medellín, en el año 1934. Su afición a la música le llega por parte paterna pues su progenitor era compositor, director de banda y profesor de música. En sus tiempos de estudiante de bachillerato formó "El Trio de Oro", con el que obtuvo cierta repercusión en las emisoras locales, pero a la muerte de su padre tuvo que dejar los estudios y dedicarse a trabajar. Durante veinticinco años estuvo en una entidad bancaria en la que llegó a ocupar puestos directivos. Pero una canción, esta que nos ocupa, y de la que se han hecho más de 50 versiones, cambio el rumbo de su vida y consolidó su obra musical.
"El camino de la vida" superó el galardón conseguido en el año 1991 al ser la elegida, en 1999, y también por votación popular, como la "Canción del siglo XX en Colombia". Para acumular más información sobre el autor pueden visitar la página Web de Héctor Ochoa Cárdenas. El vídeo enlazado ofrece una excelente interpretación, en directo, de esta maravillosa canción en las voces y las guitarras de Marco Urdiales y el Trio Los Antares. Qué mejor, en estas fechas navideñas, que recordar esta canción que no es otra cosa que una canción de amor.
EL CAMINO DE LA VIDA
(Héctor Ochoa Cárdenas)
De prisa como el viento van pasando
los días y las noches de la infancia,
un ángel nos depara sus cuidados
mientras sus manos tejen las distancias.
Después llegan los años juveniles,
los juegos, los amigos, el colegio,
el alma ya define sus perfiles
y empieza el corazón de pronto a cultivar un sueño.
Y brotan como manantial las mieles del primer amor,
el alma ya quiere volar y vuela tras una ilusión,
y aprendemos que el dolor y la alegría
son la esencia permanente de la vida.
Y luego cuando somos dos en busca de un mismo ideal,
formamos un nido de amor, refugio que se llama hogar,
y empezamos otra etapa del camino,
un hombre, una mujer, unidos por la fe y la esperanza.
Los frutos de la unión que Dios bendijo
alegran el hogar con su presencia,
a quién se quiere más si no a los hijos,
son la prolongación de la existencia.
Después cuántos afanes y desvelos
para que no les falte nunca nada,
para que cuando crezcan lleguen lejos
y puedan alcanzar esa felicidad tan anhelada.
Y luego cuando ellos se van, algunos sin decir adiós,
el frío de la soledad golpea nuestro corazón.
Es por eso amor mío que te pido
por una y otra vez, si llego a la vejez, que estés conmigo.
