viernes 1 de mayo de 2009

EN MEMORIA DE MIGUEL DE MOLINA

Miguel de Molina terminó la temporada de 1942 en Madrid, el día 23 de octubre, interpretando una de sus creaciones más populares, las “Sevillanas del Espartero”, en las que salía al escenario vestido de torero de guardarropía, pues era un gran aficionado a la fiesta de los toros. A la salida del teatro fue victima de un complot en el que fue secuestrado y llevado a un paraje situado a las afueras de Madrid llamado “Los Altos del Hipódromo”, que se encontraba en mitad de lo que actualmente es el Paseo de la Castellana, en donde recibió una brutal paliza por parte de una gente que, según cuenta en su libro “Botín de guerra”, el reconoció como falangistas que le conminaron a marcharse del país y, según cuenta en sus memorias, le dijeron: “En esta España no caben maricones como tú”.

A los pocos días de ese desagradable suceso se autoexiliaba con la intención de no volver jamás a su querida España, cosa que, salvo una pequeña estancia para realizar unas actuaciones en 1957, cumplió a rajatabla y, según confesó en los últimos años de su vida, ni aún después de muerto quería que lo trajesen. Él, que había sido un hombre libre y que nunca había ocultado su homosexualidad, que había aflorado en sus primeros años de adolescencia, y que presumía y hacía gala de ello, se marchó amargado por el trato recibido, asfixiado por el nuevo régimen, y asqueado por la doble moral de lo vencedores. Él, que había sido una de las primeras figuras del escalafón coplero a partir de la mitad de la década de los treinta, y que seguía teniendo un gran cartel incluso después de la derrota de la República, como demuestra el listado de actuaciones durante los años 41 y 42, empezó a verse marginado por los empresarios y obligado a aceptar cachet ridículos para su categoría y la fama de la que disfrutaba entre el pueblo llano.

Se instaló en Argentina y allí rehizo su vida privada y artística. Al poco de llegar a su segunda patria debutó en el "Teatro Cómico" de Buenos Aires, propiedad de la actriz Lola Membrives, el 14 de noviembre de ese mismo año, y lo hizo con la misma canción con que había puesto fin a sus actuaciones en España, las “Sevillanas del Espartero”, ante un decorado que representaba una plaza de toros. Siguió actuando hasta 1960, año en el que se retiró cuando contaba 52 años de edad y nunca más volvió a subirse a un escenario. Miguel Frías de Molina, que era su nombre de pila, había nacido en Málaga un 10 de abril de 1908. Murió en Buenos Aires un 5 de marzo de 1993 y esta enterrado en el cementerio de la “Chacarita”.

Como pequeño homenaje, y en su memoria, en el 101 aniversario de su nacimiento, va el sexto programa de “Latinos” que se puede escuchar en la columna derecha de este Blog, o descargar en Mp3 accediendo a la página en la que esta alojado, en donde se recogen once canciones de las más representativas de su repertorio y otra dedicada a él, “Dormido entre rosas”, compuesta e interpretada por el tristemente desaparecido cantante granadino Carlos Cano, con la que se cierra el citado programa. Como complemento de la anécdota que relato en esta entrada, referida a la última canción que interpretó en España, y con la que debutó en Argentina, las “Sevillanas del Espartero”, original de Valverde, León y Quiroga, enlazo un montaje fotográfico en el que la música que da soporte a las imágenes es la referida creación del inimitable Miguel de Molina, uno de los más grandes intérpretes de la canción española.